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Hábitos que cuidan la memoria: qué dejó el ensayo regional que pasó por Buenos Aires

Un estudio que siguió a más de mil mayores de once países, incluida la Argentina, probó que sumar alimentación sana, movimiento, entrenamiento cognitivo y control cardiovascular puede mejorar el rendimiento cognitivo. Especialistas advierten que no es una promesa contra la demencia, sino una herramienta concreta.

Por Malena AguirreTrabajo y educación digital · 16 de septiembre de 2026 · hace 1 h

Conozco a Dora, tiene 71 años y vive en un pueblo del interior chaqueño. Cada mañana camina hasta la plaza, toma la presión que le enseña a controlar su hija, enfermera, y a la tarde comparte un té con las vecinas mientras hacen cuentas mentales para mantener activa la cabeza. Cuando le conté los resultados de un ensayo clínico internacional que pasó por Buenos Aires, me miró y dijo: "Yo ya estoy haciendo eso, sin saber que tenía nombre". Esa es, tal vez, la mejor síntesis de lo que discutieron especialistas de la neurología regional en un encuentro reciente en la ciudad.

Se trata del estudio LatAm-FINGERS, una investigación que durante dos años siguió a 1.065 personas de entre 60 y 77 años, distribuidas en once países de América Latina, entre ellos la Argentina. La propuesta fue directa: sumar a la vida cotidiana cinco ejes de cuidado, la alimentación saludable, la actividad física, el estímulo mental, los vínculos sociales y el control de los factores de riesgo cardiovascular como hipertensión, diabetes y colesterol alto. No como consejos sueltos, sino como una estrategia conjunta y sostenida en el tiempo.

Por qué el corazón manda en la memoria

La explicación es bastante concreta. El cerebro se nutre a través de vasos sanguíneos, y todo lo que los daña termina afectando sus capacidades. Por eso la evaluación médica periódica, controlar la presión arterial, la glucosa y el colesterol no es un complemento opcional, sino una pieza central de cualquier estrategia preventiva. Fumar, la hipertensión mal controlada y la diabetes envejecen los vasos antes de tiempo, y ese envejecimiento se nota también en la cabeza.

Lucía Crivelli, jefa de Neuropsicología de FLENI e investigadora principal del ensayo, lo planteó con claridad: "La clave consiste en sostener el principio de la intervención sin ignorar las diferencias culturales y sociales". Las propuestas alimentarias y la organización de las actividades se adaptaron a los recursos y las costumbres de cada comunidad participante, porque no es lo mismo cocinar en una ciudad pampeana que en una ciudad salteña, ni moverse en un barrio con plazas que en una zona donde la vereda es una rareza.

  • Los participantes se dividieron en dos modalidades: un grupo con actividades organizadas y contacto frecuente con equipos de salud, y otro que recibió recomendaciones para incorporar los hábitos con mayor autonomía.
  • El grupo con acompañamiento más estructurado registró una mejora en la cognición global al cabo de los dos años.
  • El 80 por ciento de los participantes tuvo una adhesión moderada o alta al programa.
  • El 84,9 por ciento completó la evaluación final, una cifra alta para un ensayo de este tipo.

Acá aparece una de las claves desde el interior: la brecha entre quienes pueden sostener estos hábitos y quienes no. En ciudades chicas y pueblos del interior, acceder a un control regular de la presión o de la glucosa sigue siendo complicado por la distancia a los centros de salud y por la falta de turnos. A eso se suma la soledad, un factor de riesgo cada vez más reconocido, que golpea más fuerte a los mayores que viven lejos de los grandes centros urbanos. Cuidar la memoria, en muchas regiones del país, todavía empieza por garantizar que haya un equipo médico cerca y un espacio para encontrarse con otros.

Los propios especialistas fueron claros al advertir que estos resultados no significan que una rutina saludable garantice evitar la demencia. La demencia tiene múltiples causas y aún no existe una fórmula infalible para prevenirla. Lo que sí muestra el ensayo es que sumar estos cinco ejes puede mejorar el rendimiento cognitivo y, sobre todo, que es posible sostenerlos en el tiempo cuando la propuesta se adapta a la vida real de la gente. Es una herramienta, no una promesa.

Lo que el Estado y el sistema de salud todavía no dijeron con la fuerza que hace falta es cómo se traduce este tipo de evidencia en políticas públicas concretas para los adultos mayores del interior. Porque si la investigación confirma que el acompañamiento sostenido y el acceso a controles marcan la diferencia, la pregunta que queda flotando es cuándo esos recursos van a llegar a los pueblos donde Dora y miles como ella ya empezaron a cuidarse, casi siempre, solos.

MA
Malena AguirreTrabajo y educación digital

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