La mesa nórdica que también puede ser nuestra: qué dice el estudio que siguió a más de 64 mil suecos durante 24 años
Avena, legumbres, verduras de estación y pescado en lugar de ultraprocesados: un análisis estadístico de gran escala asocia ese patrón con una mortalidad levemente menor, aunque advierte que no se trata de un experimento y que los resultados más sensibles sobre hígado no fueron concluyentes.
Desde el interior, me llamó la atención lo que cuenta Marta, una jubilada de 67 años que vive en un pueblo chico de Entre Ríos y que a los 50 decidió dejar atrás los fideos blancos de todos los días para empezar a cocinar lentejas, arroz integral y la carne cada vez más en segundo plano. "No fue por una dieta de moda, fue porque el médico me dijo que o cambiaba yo o me cambiaban a mí", resume mientras revuelve un guiso de garbanzos. Lo que Marta hizo sin saberlo fue acercarse, sin proponérselo, a un patrón alimentario que un estudio reciente vinculó con menor mortalidad en adultos del norte de Europa.
Una pauta que se puede adaptar a la góndola local
El trabajo, encabezado por las universidades de Aarhus y Upsala, siguió durante 24 años a 64.406 adultos suecos de mediana y avanzada edad, con datos relevados entre 1997 y 2019. En rigor, no fue un ensayo clínico en el que a algunos se les daba la dieta y a otros no. Los investigadores compararon escenarios hipotéticos con modelos estadísticos, y la conclusión principal fue que una adherencia estricta a la llamada dieta nórdica saludable se asoció con un 4 por ciento menos de riesgo de muerte por cualquier causa que las Recomendaciones Nórdicas de Nutrición de 2023, y un 6 por ciento menos frente a no hacer nada en particular.
La traducción al plato cotidiano está lejos de exigir salmón de Noruega: la idea base es dar más espacio a los alimentos de origen vegetal, los cereales integrales y las grasas insaturadas, y bajar carnes procesadas, ultraprocesados, bollería industrial y productos con mucho azúcar o mucha grasa saturada. En la Argentina, eso se parece bastante a una olla de lentejas con arroz integral, una ensalada de remolacha y zanahoria, una fruta de estación y, cuando se puede, un filete de merluza o caballa en lugar de milanesa de pollo cada mediodía.
Lo que el entusiasmo estadístico no puede prometer
- Se trata de una asociación, no de una causa demostrada: los modelos dependen de supuestos, como que no existan factores no medidos que expliquen parte del resultado.
- El estudio fue pensado para evaluar complicaciones hepáticas graves, y en ese punto no apareció un efecto claro: eso no fue.
- Las diferencias de mortalidad son pequeñas: un 4 o un 6 por ciento, en cifras relativas, suena mucho, pero en términos absolutos depende de la edad, el sexo y la historia clínica de cada persona.
- La dieta nórdica original incluye centeno, manzanas, peras, bayas, coles y aceite de canola, ingredientes que no son los habituales en la mesa del Litoral, pero el patrón admite reemplazos locales.
- La investigación se hizo en Suecia, con una población y un sistema de salud distintos al argentino, por lo que se debe leer como una referencia, no como una receta.
Un dato que también vale para esta orilla: en países con fuertes diferencias regionales, los patrones alimentarios más saludables suelen concentrarse en las zonas con mayor ingreso y mejor oferta de productos frescos. En la Argentina, la brecha entre la oferta de frutas y verduras en los grandes centros urbanos y en el interior profundo sigue siendo un problema estructural, y sin ese acceso la dieta nórdica, la mediterránea o cualquier otra queda en manual de buenas intenciones.
Como a Marta, no le diría que su cambio es garantía de nada. Le diría que el cuerpo lo viene acompañando y que el estudio sueco le da, como mucho, una razón más para no volver atrás. Lo que el paper no dice, y conviene no olvidar, es cuánto de la asociación se debe a la comida y cuánto a otras decisiones que suelen viajar junto a la comida: moverse más, dormir mejor, tener un médico de cabecera al que visitar y un plato en la mesa que no dependa de la inflación del mes.
