Marcelo, el pediatra que llegó con el Heller y se quedó tres décadas: crónica de una guardia que empieza a despedirse
Nacido prematuro en 1966, Marcelo Sotomayor lleva 31 años de especialidad en el Hospital Heller de Neuquén. Con la jubilación postergada hasta enero, repasa lo que aprendió, lo que cambió y lo que les repite a las familias en cada consulta: del pecho exclusivo hasta los seis meses a los límites firmes con las pantallas.
Me presento: soy Malena Aguirre, desde esta sección de Trabajo y educación digital, y quiero contarles la historia de Marcelo. No de Marcelo el personaje público, sino de Marcelo Sotomayor, un pediatra que nació prematuro en 1966, con apenas 1,1 kilo de peso, y que hoy, a meses de dejar la guardia, sigue hablando de su oficio como si recién empezara. Desde el interior del país, en Neuquén, su caso sirve para entender algo más grande: cómo cambió la salud de nuestros chicos en los últimos treinta años y qué nos queda por hacer como familias.
Una especialidad que empezó antes que la enfermedad
La pediatría de Sotomayor nunca esperó a que el chico llegara enfermo. Esa es, quizás, la primera convicción que repite cada vez que puede. La tarea, dice, arranca mucho antes: en el control, en la charla con los padres, en la recomendación que se lleva la familia a la casa. No es un detalle menor en un país donde la atención pediátrica suele estar cruzada por la desigualdad territorial.
“La lactancia materna exclusiva hasta los seis meses sigue siendo una de las principales recomendaciones.”Marcelo Sotomayor, pediatra del Hospital Heller
Lo que cambió en estos 31 años
Cuando Sotomayor empezó a atender, la desnutrición era una de las preocupaciones centrales del consultorio. Hoy, dice, ese lugar lo ocupa la obesidad, junto con el consumo de sustancias durante la infancia y la adolescencia. El desplazamiento no es menor y muestra cómo se transformó el mapa de riesgos. En paralelo, la llegada de las pantallas reconfiguró otra frontera: la de los límites que las familias están en condiciones de poner.
Las tres recomendaciones que repite en cada consulta
- Lactancia materna exclusiva hasta los seis meses, una indicación que sobrevive al paso de las décadas.
- Prevención de accidentes domésticos, sobre todo quemaduras y caías, todavía causas frecuentes de consulta de urgencia en los más chicos.
- Sin pantallas antes de los cuatro años y, después de esa edad, tiempos limitados y supervisión adulta.
La llegada al Heller fue temprana: se incorporó en 1995, cuando el hospital neuquino todavía resolvía problemas de infraestructura básica antes de recibir pacientes. Participó de las primeras semanas operativas y fue parte del equipo que atendió al primer bebé nacido allí. Con los años sumó la docencia como instructor de residencias y docente de la Facultad de Medicina de la Universidad Nacional del Comahue. Varios de quienes fueron sus alumnos hoy son sus compañeros en el mismo servicio.
La jubilación, que en principio llegaba en julio, quedó postergada hasta enero por decisión propia. Dejar el Heller después de más de tres décadas no le resulta fácil. Fuera de las guardias y las clases, encuentra equilibrio en el jazz y en el montañismo, una rutina que, según cuenta, le devuelve aire después de años de turnos extendidos.
La brecha que nadie nombra
Cuando un especialista formado en La Plata elige quedarse en Neuquén desde 1995 y acompaña el crecimiento de un hospital público de complejidad creciente, el país gana un poco. Pero el dato que siempre falta es el otro: cuántas provincias, cuántas regiones y cuántos barrios siguen esperando un pediatra que se quede tres décadas. La diferencia entre un niño atendido en una capital con hospital de alta complejidad y un chico del interior profundo atendido a cientos de kilómetros del primer especialista no es un detalle: es la verdadera línea de partida de la salud infantil en la Argentina.
Me queda una sensación agridulce mientras escribo. Por un lado, una historia que emociona: la de un médico que llegó con un hospital casi sin inaugurarse y se quedó a formar pediatras. Por el otro, una pregunta que la nota deja abierta y que el Estado, la universidad y el propio sistema de salud todavía no contestan: quién va a ocupar el lugar de Marcelo cuando en enero, finalmente, se siente a esperar la próxima guardia desde otro rincón. Y, sobre todo, quién va a cuidarlos a ellos, a los chicos, en cada pueblo del país donde todavía no se sabe quién firma el próximo turno.
