Neuquén respiró aire contaminado seis veces en agosto y la universidad lo dejó al descubierto
Un monitoreo conjunto de la UNCo y una empresa privada detectó picos de material particulado y monóxido de carbono durante agosto, asociados a la escasa ventilación atmosférica. Los datos, abiertos a la comunidad, sirven para decidir cuándo ventilar la casa o salir a caminar.
A Graciela, vecina del centro de Neuquén, le empezó a picar la garganta a mediados de agosto y no le encontró explicación hasta que leyó, casi por casualidad, el informe que publicaron el Laboratorio de Climatología y Calidad del Aire de la Universidad Nacional del Comahue y la empresa Clean Air Data. En cuestión de horas, lo que parecía un malentendido del cuerpo pasó a tener un nombre técnico: material particulado en suspensión, hasta 520 microgramos por metro cúbico de aire, muy por encima de cualquier umbral razonable.
Seis alertas en un mes
El estudio, que monitoreó en tiempo real la calidad del aire durante agosto, identificó tres episodios de alta concentración de partículas PM10. El más severo se extendió entre el 15 y el 17 de agosto. Otros dos picos, de menor intensidad, se ubicaron entre el 18 y el 20 y el 24 de agosto. En paralelo, se detectaron tres incrementos puntuales de monóxido de carbono, un gas que sale de los caños de escape y de las estufas mal calibradas, los días 16, 18 y, con el valor más alto, entre el 19 y el 20, cuando el sensor marcó 2,3 partes por millón.
Lo que vuelve este mapa interesante es que la contaminación no fue pareja: llegó en pulsos, empujada por un agosto con comportamiento climático fuera de libreto. La primera quincena arrancó con mínimas entre 0 y 2 grados y mínimas bajo cero en distintos barrios; hacia el final del mes, las máximas se animaron a pasar los 20 grados. Esa amplitud térmica enorme se combinó con una humedad promedio del 58,9 por ciento, aunque con jornadas por encima del 90 por ciento y otras por debajo del 25 por ciento.
- PM10: máximo de 520 microgramos por metro cúbico entre el 15 y el 17 de agosto.
- Monóxido de carbono: pico de 2,3 partes por millón entre el 19 y el 20 de agosto.
- Humedad relativa promedio del 58,9 por ciento, con extremos de más del 90 por ciento y menos del 25 por ciento.
- Amplitud térmica: mínimas cercanas a 0 grado a principios de mes y máximas superiores a 20 grados hacia el final.
“Los datos de agosto muestran que la calidad del aire no es constante: puede cambiar significativamente en cuestión de horas según la combinación de emisiones y condiciones meteorológicas.”Responsables del estudio de la UNCo y Clean Air Data
Desde el interior, lo que más me importa de este tipo de mediciones es la lectura regional que habilitan. Las ciudades de la Patagonia suelen presentarse como entornos limpios por defecto, asociados a aire de montaña y viento constante. Cuando los números contradicen esa imagen y muestran picos que en Buenos Aires o Córdoba ya generan alertas oficiales, aparece una pregunta incómoda: si en Neuquén seis días del mes dan para preocuparse, ¿qué está pasando con el monitoreo en el resto de las ciudades chicas y medianas del país, donde ni siquiera hay un sensor en tiempo real?
El comportamiento del viento ayuda a entender la mecánica del problema. Cuando el aire se queda quieto, con alta humedad relativa y poco movimiento, los contaminantes que emiten los vehículos, las estufas a gas y los hogares que todavía calefaccionan a leña no encuentran cómo dispersarse y se quedan flotando a la altura de la nariz. Cuando, en cambio, el viento sopla con fuerza, levanta el polvo que ya estaba depositado en el suelo y vuelve a inyectar partículas al aire. Son dos mecanismos opuestos que terminan en el mismo resultado: respirar peor.
Qué hacer y, sobre todo, qué falta
Para los vecinos de Neuquén, el dato práctico más concreto es que conviene ventilar la casa y salir a caminar en las horas con mayor circulación de aire, y reducir la actividad física al aire libre en los días de estabilidad atmosférica, sobre todo en zonas con mucho tráfico o donde se use calefacción a gas o leña. Los registros son públicos y se pueden consultar para anticipar la jornada.
Lo que el municipio neuquino todavía no dijo con claridad es cómo piensa incorporar esta información a un sistema de alertas ciudadanas. Tampoco trascendió si el gobierno provincial proyecta extender este tipo de monitoreo a otras localidades como Plottier, Centenario o San Martín de los Andes, ni qué controles reforzados se aplicarán sobre fuentes fijas de emisión en los días críticos. La universidad puso los números sobre la mesa; ahora falta que la política los transforme en decisiones cotidianas para que Graciela, y miles como ella, dejen de toser sin saber por qué.
