Parkinson sin farmacia: cuando el medicamento de cabecera desaparece y la cita con el neurólogo se vuelve urgente
Pacientes y allegados vienen denunciando escasez de algunas presentaciones de levodopa/carbidopa. Pfizer confirmó el faltante de Lebocar y dijo que recién en marzo de 2027 podría normalizarse la entrega. Especialistas insisten en no interrumpir el tratamiento por cuenta propia y en hablar con el médico antes de cualquier cambio.
Viviana tiene 63 años y desde hace ocho convive con un diagnóstico de Parkinson. Vive en San Nicolás de los Arroyos, en el norte bonaerense, y cada tres meses cruza a Rosario o se acerca a una farmacia de Buenos Aires para conseguir las cajas que su neurólogo le receta. Esta vez, cuenta, le faltaron dos comprimidos en una sola semana. Su historia se repite en decenas de mensajes que pacientes y familiares vienen dejando en grupos de WhatsApp, en foros y en la redacción: en las últimas semanas, conseguir ciertas presentaciones de levodopa y carbidopa se volvió una verdadera carrera.
Lo que dijo Pfizer y qué puede pasar mientras tanto
La empresa confirmó el faltante de Lebocar, su marca que combina levodopa con carbidopa. Lo adjudicó a demoras de manufactura y estimó que las entregas se regularizarían hacia marzo de 2027. La compañía no dio precisiones sobre el origen de la demora ni aclaró si el problema alcanza a otros países. Y comunicó un teléfono (0800 666 2284) para consultas puntuales de pacientes y médicos. En criollo: si hoy no está en la farmacia del barrio, probablemente siga sin estar un buen tiempo.
El dato regional no es menor. De acuerdo con relevamientos que circulan entre colegas del interior, los faltantes golpean más fuerte lejos de los grandes centros urbanos. La brecha entre CABA y el conurbano, por un lado, y ciudades como Mar del Plata, Mendoza capital o Resistencia, por el otro, se nota en el stock de las farmacias, en los tiempos de reposición y hasta en la cantidad de presentaciones que cada farmacia puede mantener. Para una paciente como Viviana, eso significa planificar viajes o resignarse a esperar.
El neurólogo José Luis Etcheverry, especialista en Parkinson, fue taxativo: la levodopa no se suspende de un día para el otro. “El reemplazo del medicamento, como así también cualquier modificación de dosis, debe ser evaluado por el médico tratante”, sostuvo. Y agregó que la droga tiene un rol clave en el control motor, en el ánimo y hasta en la conducta, por lo que un cambio mal hecho puede descompensar al paciente y disparar síntomas que estaban estabilizados.
Qué opciones quedan cuando falta la marca habitual
- Parkinel, de Montpellier, que también combina levodopa con carbidopa en distintas concentraciones y es la primera alternativa que suelen evaluar los profesionales.
- Madopar, de Roche, que asocia levodopa con benserazida y puede ser útil como sustituto en pacientes con buena tolerancia a esta combinación.
- Posibilidad de ajustar dosis con comprimidos de otra concentración del mismo principio activo, siempre bajo control médico.
- Otros grupos de medicamentos para casos más complejos, como agonistas dopaminérgicos o inhibidores de la MAO-B, reservados a decisiones de especialista por sus efectos adversos.
Etcheverry aclaró que las alternativas terapéuticas son equivalentes en la mayoría de los pacientes, aunque reconoció que la tolerancia varía de persona a persona. “Hay otras opciones, son terapéuticamente equivalentes y el médico tratante es el que tiene que evaluar el reemplazo”, resumió. Eso, en la práctica, obliga a una cita médica, a un ajuste posible de dosis y, sobre todo, a no automedicarse ni quedarse sin tomar la droga por falta de pastilla.
La Red Argentina de Parkinson salió a pedir información oficial sobre existencias disponibles y reclamó respuestas a las autoridades regulatorias. Mientras tanto, las recorridas por farmacias de la ciudad de Buenos Aires y del conurbano arrojan un mapa desparejo: algunos comercios tienen unidades sueltas o alguna concentración puntual; otros, directamente, no consiguen reponer. También se reportaron faltantes en obras sociales que entregaban la medicación de manera directa, lo que añade un escollo administrativo al sanitario.
Mientras tanto, en los pasillos del barrio porteño de Balvanera, donde varias farmacias concentran expendio a afiliados de PAMI y de distintas prepagas, las farmacéuticas repiten la misma respuesta: “Lebocar no tenemos, hace semanas”. A Viviana le cuesta decirlo sin quebrarse. “Tomé la pastilla cada día durante ocho años, sin fallar. Ahora me dicen que espere hasta marzo de 2027. ¿Cómo hago?”, se pregunta, con la bronca contenida que comparten miles de pacientes en el interior del país.
Lo que la empresa y el Estado no dijeron
Pfizer habló de demoras de manufactura y dio una fecha estimativa, pero no explicó qué pasó en su cadena productiva, ni por qué la regularización recién se proyecta en más de un año. Tampoco informó si habrá una distribución escalonada por provincias, si se priorizará a pacientes con cobertura social que reciben la droga por programas propios o si se habilitará un procedimiento de importación de excepción para cubrir el bache. El Estado, mientras tanto, no difundió un parte oficial sobre el impacto real del faltante ni llamó a construir un puente entre la empresa, las obras sociales y los pacientes. Cada uno hace la guerra por su lado: la farmacéutica detrás de un mostrador, el paciente recorriendo locales, el neurólogo ajustando recetas como puede. Hasta marzo de 2027, según los papeles, falta una eternidad entera de Parkinson para los que dependen de esa caja.
