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Por qué algunos despiertan recordando cada sueño y otros no conservan nada: lo que dice la ciencia

Un estudio internacional siguió durante quince días a 217 adultos sanos y encontró que la capacidad de rememorar lo soñado no es un capricho del azar: depende de la edad, de la mente divagante y de cómo estuvo armada esa noche de descanso.

Por Malena AguirreTrabajo y educación digital · 7 de septiembre de 2026 · hace 1 h

Sofía, una docente de 44 años que vive en San Luis, se levanta cada mañana con la imagen precisa de lo que soñó. Puede describir el living, los colores, la conversación que tuvo con su madre muerta hace diez años. Su marido, en cambio, duerme las mismas horas y abre los ojos en blanco: no tiene ni idea de qué pasó detrás de sus párpados. La escena se repite en miles de hogares argentinos y, durante décadas, se atribuyó al destino. Un estudio reciente publicado en Communications Psychology demuestra que no hay tal destino: hay factores concretos, medibles, que explican por qué alguien como Sofía recuerda y alguien como su marido no.

Quiénes participaron y qué se midió

El equipo de investigación siguió durante quince días a 217 adultos sanos de entre 18 y 70 años. Cada mañana, los participantes dejaban por escrito si recordaban haber soñado y con qué nivel de detalle. En paralelo, los investigadores reunieron información demográfica, psicológica y del propio sueño a través de dispositivos de monitoreo y de pruebas estandarizadas. El objetivo era sencillo de decir y ambicioso de ejecutar: separar qué depende de la persona y qué depende de la noche puntual.

  • La actitud atenta hacia los propios sueños: quienes miran hacia adentro con más interés los rememoran más seguido.
  • La tendencia a la divagación mental, es decir, dejar que los pensamientos vaguen solos en lugar de sostener un foco concreto.
  • La edad: a medida que pasan los años, cambia la facilidad para retener lo soñado al despertar.
  • La vulnerabilidad a la interferencia, que es el grado en que un sonido, una luz o un pensamiento inmediato borra el recuerdo onírico antes de que se asiente.
  • La estructura del sueño: fases más largas y livianas, con menor proporción de sueño profundo, favorecen el recuerdo al despertar.

La diferencia entre soñar y recordar lo soñado

El trabajo introdujo además una distinción que a mí, como lectora curiosa del tema, me resultó reveladora. Una cosa es soñar y otra muy distinta es traer ese sueño a la mañana. Hay quienes despiertan con la certeza de que algo ocurrió durante la noche, pero sin poder recuperar una sola imagen: es lo que los autores denominan sueño blanco. Esa experiencia difusa fue más frecuente en ciertos perfiles y confirmó algo que vale la pena subrayar: soñar es universal, recordar lo soñado no lo es.

La investigación también dejó en claro lo que el paper no dijo: no alcanza con dormir bien para recordar un sueño, ni basta con tener una mente activa. Es la combinación de una personalidad propensa a la divagación, una noche con más sueño liviano y un despertar sin interferencias lo que parece inclinar la balanza. Lo que tampoco dijo el estudio es por qué hay personas que, aun reuniendo todos esos factores, amanecen en blanco. Esa zona gris sigue abierta, y vale la pena seguir de cerca lo que viene.

MA
Malena AguirreTrabajo y educación digital

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