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Vida / Familia

Un dogo atacó a una vecina y su familia no puede salir sin miedo al animal

Rocío volvía a su casa con su hermana y su hijo de 16 meses cuando un dogo la mordió y le arrancó piel del brazo. Desde ese domingo, evita la salida habitual de su vivienda, modifica su recorrido para tomar el colectivo y teme dejar al bebé salir al patio. El perro sigue suelto en el barrio y días después intentó atacar también al padre de la mujer, que llevaba al mismo niño en brazos.

Por Redacción · 19 de agosto de 2026 · hace 1 d

El ataque ocurrió un domingo al mediodía en el barrio Colonia Rural Nueva Esperanza, en Neuquén. Rocío caminaba hacia su casa junto a su hermana y su hijo de 16 meses cuando el dogo se abalanzó sobre ella. "Mi único reflejo fue poner el brazo antes de que me agarre la cara", contó. El animal le produjo dos heridas profundas: "Me arrancó dos pedazos de piel y me dejó dos agujeros".

Un vecino la trasladó al hospital, donde recibió atención médica. Actualmente sigue tratamiento con antibióticos y curaciones periódicas.

Las consecuencias van más allá de las heridas físicas. Rocío dejó de usar la puerta habitual de su casa y camina toda la manzana para llegar a una parada de colectivo donde se siente más segura. También debe cruzar el terreno de su hermana para acceder a otro punto desde el que tomar el transporte. "Tengo que irme a dar toda la vuelta de la manzana para poder irme hasta una parada de colectivo en donde me encuentre más segura", explicó.

El miedo se extendió a toda la familia. Días después del ataque, el mismo perro se lanzó sobre el padre de Rocío, Juan Carlos, que en ese momento llevaba al bebé de 16 meses en brazos. Sin poder agacharse ni tomar nada para defenderse, gritó hasta que la dueña del animal salió y logró encerrarlo. Al pedirle que lo mantuviera atado, la propietaria respondió que "cuando lo ata, se desata".

Rocío también teme por su hijo, que ya camina. "Yo no le puedo prohibir: 'No, hijo, no vayas afuera', pero tengo miedo de que el perro lo agarre", dijo. Señaló además que están expuestos los sobrinos que viven en la zona, los estudiantes que regresan de la escuela y los trabajadores que reparten agua en el barrio.

Para intentar resolver la situación, la familia hizo llamados al 147, a Bienestar Familiar, a Zoonosis y a Control Canino, y presentó un reclamo a través de la aplicación AMVOZ. También intentaron hacer una denuncia en la comisaría. Juan Carlos aclaró que el objetivo no es iniciar una demanda sino lograr que se regularice la situación de los perros en el barrio.

La convivencia con animales de gran porte en espacios públicos sin las medidas adecuadas de contención es un problema que excede a este caso puntual. ¿Cómo manejan este tipo de situaciones en tu barrio?

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Redacción

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