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Una taza caliente puede ser aliada contra el calor, pero no en cualquier ambiente

El profesor John Tregoning explica por qué una infusión bien caliente puede refrescar más que un vaso con hielo si el aire está seco y circula, y por qué en una pieza húmeda y sin ventilación el truco se vuelve en contra. La hidratación manda por encima de la temperatura del líquido.

Por Malena AguirreTrabajo y educación digital · 17 de septiembre de 2026 · hace 1 h

Marisa tiene 54 años, vive en Santiago del Estero y todos los veranos se sirve un mate cocido bien caliente a las tres de la tarde. Lo hace porque le enseñó su abuela y porque, dice ella, "sentía que el cuerpo se acomodaba". Años después, la ciencia le terminó dando la razón: una bebida caliente puede refrescar, siempre que el sudor tenga dónde evaporarse.

Así lo explica el profesor especializado en bienestar John Tregoning: cuando tomamos un té o un café a alta temperatura, el líquido le suma calor al cuerpo, pero al mismo tiempo dispara una mayor sudoración. Si ese sudor se evapora sobre la piel, se lleva energía térmica y la sensación final es de frescura. Si no se evapora, porque el ambiente está húmedo o encerrado, lo único que conseguimos es cargar más calor encima.

El secreto está en el aire, no en la taza

El mecanismo tiene dos pasos. Primero, el líquido caliente eleva la temperatura interna y el cuerpo responde produciendo transpiración. Segundo, esa transpiración se transforma en vapor y, al cambiar de estado, absorbe calor de la piel y lo libera al ambiente. Cuando el aire está seco y en movimiento, ese segundo paso ocurre rápido y el saldo es refrescante.

En cambio, en una habitación con mucha humedad y sin brisa, el sudor se queda pegado a la piel, empapa la ropa o cae en gotas. Se pierde agua, pero no se pierde calor. El cuerpo queda más cargado que antes de tomar la infusión.

Para los que vivimos desde el interior, este dato pega de lleno: las provincias del norte y del centro suelen combinar temperaturas muy altas con jornadas de mucha humedad. Ahí es donde la taza caliente puede jugarnos en contra si nos quedamos dentro de casa con las ventanas cerradas. En la Patagonia, con aire más seco y brisa constante, el truco tiene más chances de funcionar.

La recomendación del especialista es concreta: tomar líquidos de manera constante y mirar el ambiente antes de elegir la temperatura de la bebida. Lo que define el resultado no es lo que hay en la taza, sino lo que pasa con el sudor después.

“Lo que define si una infusión caliente refresca o recalienta no es la temperatura del líquido, sino si el sudor puede evaporarse. Sin aire seco y en movimiento, el cuerpo se queda con todo el calor que le sumamos.”John Tregoning, profesor especializado en bienestar

Queda sobre la mesa algo que el especialista no dijo y que vale la pena marcar: la hidratación no se discute, pero el Estado y las empresas que producen bebidas no suelen alertar sobre el efecto combinado de calor y humedad. En las jornadas de ola térmica, los avisos oficiales mencionan la sed y el sol, y casi nunca aclaran que un ventilador abierto o una corriente de aire pueden ser tan importantes como un vaso de agua. Esa información, que parece menor, cambia la manera de pasar el verano.

MA
Malena AguirreTrabajo y educación digital

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