Caminar, hacer fuerza y no saltearse los chequeos: la fórmula de López Rosetti para cuidar cerebro y corazón
El médico clínico y cardiólogo propuso sumar caminatas, ejercicios de fuerza dos o tres veces por semana, controles de presión, colesterol y diabetes, buena alimentación y vida social como una rutina que pueda sostenerse en el tiempo. El objetivo, dijo, es preservar la autonomía con los años.
A Marta, de Río Gallegos, le cambió la rutina cuando un grupo de vecinas del barrio la invitó a caminar tres veces por semana. Después sumó una clase de estiramientos en el centro de jubilados y hoy, a los 67, dice que se siente con más aire y más ganas de salir. Ese recorrido, casi sin proponérselo, encaja con la receta que suele repetir el médico clínico y cardiólogo Daniel López Rosetti: moverse, hacerse los controles y no aislarse.
Caminatas con ritmo, pero sin ahogo
- 150 minutos de caminata rápida por semana.
- Media hora durante cinco días, para no juntar todo el esfuerzo en una sola jornada.
- Ritmo que permita conversar sin quedarse sin aire.
López Rosetti es tajante con esa idea de base: si la caminata no permite hablar mientras uno se mueve, probablemente sea demasiado intensa para empezar. Por eso recomienda ir de menor a mayor, ajustando la exigencia a las posibilidades de cada persona, sobre todo cuando se trata de adultos mayores que vienen de una vida más sedentaria.
Fuerza dos o tres veces por semana
- Levantarse y sentarse de una silla varias veces.
- Hacer flexiones apoyándose contra una pared.
- Usar bandas elásticas o cargas livianas en casa.
El especialista vinculó este tipo de entrenamiento con el tono muscular, el equilibrio y la autonomía, tres palabras que para una persona de 70 o 75 años pueden significar la diferencia entre ir sola a la verdulería o depender de alguien para cruzar la calle. En el interior del país, donde las distancias hasta un centro de salud suelen ser largas, mantener esa independencia no es un detalle menor.
Las señales que obligan a frenar
- Mareos durante la actividad.
- Dolor de pecho o palpitaciones.
- Falta de aire inhabitual.
- Dificultad para respirar en tareas cotidianas.
Frente a cualquiera de esos síntomas, López Rosetti fue claro: hay que detener la actividad y consultar al médico. Es la parte de la receta que muchas veces se posterga, sobre todo en localidades chicas, donde conseguir un especialista puede demandar turnos largos y viajes de varias horas.
La rutina, sin embargo, no se agota en el movimiento. El médico insistió en controlar la presión arterial, la diabetes, el colesterol y otros lípidos, atender el sobrepeso y dejar el cigarrillo. La razón es bastante concreta: tanto el cerebro como el corazón necesitan el oxígeno y los nutrientes que transporta la sangre, y arterias tapadas o rígidas son malas noticias para los dos órganos.
A eso le sumó dormir bien, acercarse a una alimentación de tipo mediterráneo con verduras, frutas y legumbres, moderar el consumo de alcohol y pedir ayuda ante cuadros depresivos. También mencionó un punto al que poca gente le presta atención: la pérdida auditiva. Explicó que, cuando se dificulta escuchar, se tiende a dejar de conversar y a aislarse, y ese aislamiento pesa sobre el ánimo y, en el largo plazo, sobre la salud del cerebro.
“La idea es conservar la capacidad de desenvolverse de manera independiente a lo largo de los años, con una rutina gradual que pueda sostenerse.”Daniel López Rosetti
Como en casi todos los temas de salud, la letra chica de la propuesta está en los papeles que nadie muestra: la cobertura real de los controles en provincias donde los cardiólogos y los neurólogos escasean, el precio de los audífonos para los jubilados que apenas llegan a fin de mes y la continuidad de los clubes de barrio y los centros de jubilados que, como el de Marta en Río Gallegos, son el verdadero punto de partida de muchas de estas rutinas. El médico lo dijo en cámara; el Estado y las obras sociales, por ahora, no.
