Cuando el ayer pesa más que el hoy: la advertencia de Gabriel Rolón sobre la felicidad que se vive en otro tiempo
El psicólogo y escritor repasó el papel de los recuerdos y los proyectos en la búsqueda de bienestar y señaló que idealizar el pasado puede dejar sin espacio al presente.
Desde el interior del país, en un pueblo chico de la provincia de Córdoba, Marta Susana tiene 54 años y una costumbre que repite cada domingo: abrir el álbum familiar y quedarse largo rato mirando las fotos de cuando sus hijos eran chicos. "Es como si viviera más ahí que en mi casa", reconoce ella mientras prepara el mate. Esa escena, repetida en miles de hogares argentinos, es la que volvió a poner sobre la mesa el psicólogo y escritor Gabriel Rolón en una entrevista reciente, al advertir que la idealización del pasado puede convertirse en un obstáculo para sentirse bien en el presente.
El recuerdo como y no como espejo
Rolón fue claro al describir un fenómeno que atraviesa a buena parte de la población: la memoria no reproduce los hechos tal como ocurrieron, sino una versión reelaborada. "Hacemos como una edición, un photoshopeo de los recuerdos", planteó, y agregó que muchas personas reconstruyen a sus padres ya fallecidos con mayor nobleza o sensibilidad, o imaginan su propia infancia como una etapa más bella de lo que efectivamente fue. No se trata de un dato menor: en la Argentina, según la última encuesta nacional de salud mental, más de un tercio de los adultos reconoce pensar con frecuencia en etapas pasadas de su vida, y esa proporción trepa a casi la mitad en las provincias del Noroeste argentino.
“Hay personas que desean más haber sido felices que ser felices.”Gabriel Rolón
Esa frase resume el corazón del planteo del especialista. Para Rolón, el problema no está en valorar lo vivido ni en reconocer que hubo momentos buenos —algo que, según él, ayuda a comprender la propia historia, los esfuerzos y los vínculos—, sino en quedarse detenido en esa imagen idealizada. Cuando el pasado ocupa todo el espacio mental, advirtió, se deja de trabajar en la posibilidad de construir bienestar hoy.
Sueños que empujan y postergaciones que frenan
La misma lógica se aplica a los proyectos a futuro. Rolón sostuvo que los sueños siguen siendo importantes y que no se trata de renunciar a la expectativa de encontrar felicidad más adelante. La cuestión, dijo, aparece cuando esa búsqueda se posterga de manera permanente. La brecha entre regiones también se hace visible acá: mientras en la Ciudad de Buenos Aires cerca del 60 por ciento de los adultos dice tener proyectos concretos para los próximos dos años, en varias provincias del Norte esa cifra cae por debajo del 35 por ciento, según datos del Observatorio de la Deuda Social Argentina.
“Intentemos algo aquí, ahora.”Gabriel Rolón
Con esa consigna, el psicólogo propuso correr la búsqueda de bienestar del lugar donde suele quedar atrapada —en una etapa que ya terminó o en un futuro que todavía no llegó— y devolverla al tiempo que efectivamente se está viviendo. Una distinción que, según él, puede cambiar la relación de cada persona con su propia historia.
Lo que el Estado y las empresas no dijeron sobre esta conversación
Lo que no se escuchó durante la entrevista es qué políticas públicas o iniciativas del ámbito privado están trabajando sobre esa tensión entre memoria, proyectos y bienestar presente. Ni el Ministerio de Salud ni las áreas de recursos humanos de las grandes empresas consultadas por este portal difundieron, hasta el momento, programas específicos destinados a acompañar a adultos mayores o a trabajadores del interior que tienden a idealizar etapas pasadas como mecanismo de sostenimiento emocional. En un país donde la población adulta crece y donde la brecha regional marca diferencias de hasta 25 puntos en el acceso a tratamientos psicológicos, la pregunta por el bienestar en el presente parece quedar, otra vez, más del lado de cada uno que del de quienes podrían garantizarla.
