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Cuando la panza habla: lo que el intestino intenta decirnos cuando la dieta se vuelve repetida

La monotonía en la mesa, el uso innecesario de antibióticos y el estrés sostenido pueden alterar la microbiota y disparar molestias que muchos terminan normalizando. Especialistas consultados remarcan que ningún alimento ni cambio de hábito reemplaza la consulta cuando los síntomas persisten.

Por Malena AguirreTrabajo y educación digital · 27 de septiembre de 2026 · hace 1 h

Desde el interior, donde a veces el turno con un especialista se saca con semanas de espera, conocer a Marta Maidana ayuda a entender de qué hablamos cuando hablamos de intestino. Ella tiene 52 años, vive en Santiago del Estero y hace más de un año convive con hinchazón, gases y una sensación de pesadez que arrima a la siesta y se queda hasta la noche. Probó dejar el gluten por recomendación de una vecina, dejó los lácteos por un video que vio en la noche y, entre tantas idas y vueltas, terminó normalizando lo que no debería normalizarse: un malestar que no se va.

La nutricionista clínica Marcie Vaske lo dijo con claridad: las molestias digestivas que se prolongan en el tiempo requieren evaluación profesional. Pueden estar detrás intolerancias, enfermedades digestivas o alteraciones de la microbiota, y una recomendación genérica no las resuelve. Esa es, justamente, la línea que separa un consejo de cocina de un diagnóstico médico.

La variedad en la mesa como punto de partida

Una de las claves del cuidado cotidiano está en la diversidad de lo que se come. La fibra alimenta a parte de los microorganismos intestinales y se encuentra en frutas, verduras, legumbres, frutos secos y cereales integrales. La Organización Mundial de la Salud (OMS) recomienda incluir estos grupos de alimentos y alcanzar un consumo diario de, como mínimo, 400 gramos de frutas y verduras.

Esa diversidad suele achicarse cuando se repiten pocas comidas y predominan los ultraprocesados. La dietista Jenna Volpe advirtió que sostener ese patrón puede modificar la microbiota y favorecer procesos inflamatorios. Aquí aparece una brecha que pocos discuten: la posibilidad de comer variado no es la misma en los grandes centros urbanos del AMBA que en muchas localidades del norte argentino, donde el acceso a frutas y verduras frescas depende del precio, del transporte y hasta de la estación del año.

  • Fibra presente en frutas, verduras, legumbres, frutos secos y cereales integrales, como aliada de los microorganismos intestinales.
  • Alimentos fermentados que pueden sumar, pero no sustituyen una consulta si las molestias vuelven.
  • Antibióticos solo con prescripción y completando el tratamiento, para no afectar bacterias beneficiosas.
  • Movimiento corporal sostenido: la OMS sugiere entre 150 y 300 minutos semanales de actividad física para adultos.
  • Atención al estrés, capaz de alterar los movimientos del tubo digestivo y aumentar la sensibilidad intestinal.

El intestino alberga bacterias, virus, hongos y otros microorganismos que participan en la digestión, en las defensas y en la forma en que el cuerpo obtiene energía de los alimentos. El Instituto Nacional de Ciencias de la Salud Ambiental de Estados Unidos (NIEHS, por sus siglas en inglés) identifica a la alimentación y a los medicamentos entre los factores que pueden modificar esa composición a lo largo del tiempo.

Antibióticos y estrés: dos llaves que se usan sin manual

Los antibióticos son necesarios frente a infecciones bacterianas cuando hay indicación médica, pero su utilización innecesaria puede afectar microorganismos beneficiosos. La recomendación sanitaria es tomarlos con prescripción y completar el tratamiento indicado: ni un día más, ni un día menos. En muchas localidades del interior, la automedicación sigue siendo una puerta de entrada a problemas digestivos que aparecen después, cuando la causa ya se olvidó.

El funcionamiento digestivo también puede alterarse desde otro frente menos visible: el estrés. La gastroenteróloga Asma Khapra explicó que puede modificar los movimientos que desplazan el contenido del tubo digestivo y aumentar la sensibilidad intestinal. No es una metáfora: la panza reacciona cuando la cabeza no para.

Lo que Marta todavía no sabe y nadie le dijo

El Ministerio de Salud nacional difundió en los últimos años recomendaciones generales sobre alimentación saludable, pero no precisa, para esta consulta, cómo se garantiza el acceso a profesionales de nutrición y gastroenterología en provincias donde los turnos demoran meses. Las prepagas y obras sociales, por su parte, suelen cubrir un número acotado de consultas anuales con especialistas digestivos, sin aclarar qué pasa con quienes necesitan un seguimiento más prolongado. Lo cierto es que, mientras esas respuestas no lleguen, miles de argentinas y argentinos como Marta seguirán aprendiendo a convivir con un malestar que pide, en silencio, una atención que todavía no encuentran.

MA
Malena AguirreTrabajo y educación digital

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