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Martes, 3 de noviembre de 2026
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Cuatro meses de broma, 149 cómplices y un reality que se le fue de las manos

Una cadena danesa engañó durante meses a un humorista con la excusa de una película. La reacción fue tan fuerte que el programa terminó cancelado antes de tiempo.

Por Delfina IbarraGaming y cultura digital · · hace 35 min
Cuatro meses de broma, 149 cómplices y un reality que se le fue de las manos

Hay engaños que dan risa en la pantalla y otros que dan vergüenza ajena. Lo que hizo TV 2 Echo, una cadena danesa, cae de lleno en el segundo grupo. Durante cuatro meses, el humorista Rasmus Wallbridge vivió una broma continua grabada con cámara oculta, convencido de que estaba protagonizando una versión danesa de una comedia de terror.

Un engaño con 149 participantes

El programa se llamaba "Alle elsker Rasmus" (Todos quieren a Rasmus) y se estrenó el 26 de octubre. Según la información disponible, 149 personas actuaron como cómplices, entre ellas amigos personales y su pareja artística. Nadie quedó afuera del libreto, y eso incluye a quienes lo conocían de toda la vida.

El material muestra hasta dónde llegó la farsa. Hubo traslados al exterior aunque Wallbridge acababa de convertirse en padre, y el engaño se extendió hasta tocar lo que él creía era el sueño de su carrera. Cuando se reveló la broma en el último episodio, la producción sumó otro problema: usó un fragmento de audio editado en el que él aparecía riéndose, lo que disparó acusaciones de manipulación del material.

La presión detrás de la emisión

El costo para el protagonista no fue solo emocional. Al terminar las grabaciones, se le ofreció el equivalente a unos 3.300 euros si rechazaba la emisión, frente a unos 107.000 euros si la autorizaba. Como sus apariciones en el programa eran su principal fuente de ingresos en ese período, la presión para aceptar era enorme. Es difícil pensar en una decisión libre con esa diferencia de números sobre la mesa.

La respuesta pública fue rápida. La cadena decidió emitir los cinco episodios restantes de corrido, tres días después del estreno, para intentar bajar el impacto. No alcanzó: la ministra de cultura, Zenia Stampe, tomó posición y calificó el formato como repugnante, y el programa terminó cancelado antes de completar su curso normal.

Lo que quedó después

  • Wallbridge rechazó el proyecto cinematográfico que la productora le había prometido como parte del engaño.
  • Según trascendió, cortó el vínculo con varias de las personas que participaron, incluido su mejor amigo.
  • El caso abrió un debate sobre los límites éticos de la televisión de entretenimiento.

Yo lo digo sin rodeos: un juego gracioso tiene que dejar a todos de buen humor, incluido el que está del otro lado de la cámara. Cuando la broma dura meses, toca la vida personal y el sustento de alguien, y ya no es entretenimiento. La pregunta que deja este caso es la que plantea el propio debate: ¿dónde termina el entretenimiento y empieza el daño real a una persona?

DI
Delfina IbarraGaming y cultura digital

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