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El peso del aula que se lleva a casa: cómo acompañar a un estudiante desbordado por las exigencias

La psicóloga Susan Albers, de Cleveland Clinic, advierte que la presión por las tareas y las calificaciones se expresa en cambios de humor, problemas de conducta y síntomas físicos, y que la conexión permanente puede profundizar la tensión. Un repaso por las claves para contener desde la calma, ordenar el día y sostener los vínculos cara a cara.

Por Malena AguirreTrabajo y educación digital · 25 de septiembre de 2026 · hace 47 min

Cuando Mariela, docente de primaria en Neuquén, le preguntó a su hijo de once años por qué había roto el cuaderno apenas llegada del colegio, la respuesta la descolocó: estaba enojado con una tarea de matemática que no había terminado y con una calificación de lengua que no le había gustado. Esa tarde, la nena del grado contiguo llegó a su casa con dolor de panza y se quedó dormida sobre los libros. La escena se repite en distintas provincias y, según la psicóloga Susan Albers, de Cleveland Clinic, no es un capricho: es estrés escolar que cruza la puerta del aula y se instala en la mesa familiar.

Para la especialista, el acompañamiento empieza por los adultos que rodean al estudiante. Hacer una pausa antes de reaccionar, mostrar con el ejemplo que se puede pedir ayuda y hablarle con la verdad sobre lo que se siente son recursos para atravesar las exigencias cotidianas sin que la tensión se vuelva crónica. Esa red, aclara, puede ir más allá de la familia inmediata: otros adultos de confianza que sepan manejar sus propias emociones son un sostén cuando las obligaciones sobrepasan al joven. Si quien cuida también está estresado, mostrar cómo trabaja sobre esa dificultad y busca ayuda resulta una enseñanza tan importante como cualquier materia.

Señales que aparecen cuando la mochila pesa de más

Albers advierte que la presión del colegio no siempre se expresa en palabras. Desde el interior del país, las familias cuentan que los chicos llegan irritables, se aíslan o se quejan de cefaleas y malestares estomacales sin causa médica clara. A las tareas y las expectativas se suman las comparaciones en redes y los mensajes que mantienen al estudiante conectado con las demandas escolares incluso fuera del horario de clase.

La especialista distingue entre una exigencia que puede estimular y una respuesta de estrés demasiado frecuente o prolongada. En el segundo caso, el organismo dispone de menos oportunidades para recuperarse. Además, la preocupación intensa ocupa recursos de la memoria de trabajo, esa herramienta que usamos para manejar información en el momento, y dificulta recuperar lo aprendido. Explicar esa relación, dice, ayuda a que el estudiante entienda por qué cuidar el bienestar también es cuidar el rendimiento.

Ordenar el día y darle aire al tiempo libre

  • Revisar qué requiere resolución inmediata, qué admite una espera y qué puede delegarse o quitarse del menú de obligaciones.
  • Separar la tarea prioritaria en acciones más pequeñas, de modo que una demanda difícil se convierta en pasos manejables.
  • Sostener el descanso y los vínculos presenciales como parte del rendimiento escolar, y no como premio después de rendir.
  • Sustituir el desplazamiento continuo por redes, que prolonga la sensación de estar bajo evaluación, por actividades artísticas o meditación que permitan volver al presente.

En las aulas argentinas la brecha regional se nota cuando se miran los recursos para implementar esos cambios: no es lo mismo contar con talleres extracurriculares y espacios verdes en una escuela de Palermo que hacerlo en un paraje de Santiago del Estero, donde muchas veces falta el aula, el psicólogo y hasta el recreo. Esa distancia explica por qué el acompañamiento familiar termina cargando con lo que el sistema no resuelve.

Porque, al cierre de la jornada, lo que más pesa en la mochila de un chico no es solo la tarea que le quedó pendiente: es la sensación de que nunca alcanza. Y lo que el Estado y los colegios todavía no dijeron es cómo van a hacerse cargo de esa presión que, como mostró la especialista de Cleveland Clinic, empieza en el aula y termina en la mesa familiar.

MA
Malena AguirreTrabajo y educación digital

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