La montaña como punto de inflexión: Brad Pitt en el Tíbet que incomodó a China
La película de Jean-Jacques Annaud une expedición, cautiverio y un vínculo inesperado con el Dalai Lama. Una historia cuyo eco político se sintió mucho después del estreno.
Empiezo por lo confeso: Siete años en el Tíbet es de esas películas que muchos vieron de pibes y pocos revisitaron. Y sin embargo, el viaje que cuenta sigue dando que hablar, y no solo por las montañas. Brad Pitt se pone en la piel de Heinrich Harrer, un alpinista de élite que en 1939 deja a su esposa embarazada y se manda al Himalaya con una expedición. La Segunda Guerra Mundial le cambia los planes: termina preso y la aventura queda en segundo plano.
Años después, Harrer escapa. Llega hasta donde vive el Dalai Lama y se hace amigo del líder espiritual. Ahí la película deja de ser una historia de cumbre y se vuelve otra cosa: un vínculo raro, entre dos mundos, que termina transformando al protagonista. El contexto pesa: la preparación china para invadir el Tíbet corre de fondo mientras el personaje intenta acomodarse a esa vida nueva.
Cuando la ficción se mete en la geopolítica
Porque el film no se quedó en la pantalla. En 1997, China prohibió los estrenos de Sony durante todo el año. Además, a Pitt y al director Jean-Jacques Annaud les pusieron prohibición de ingreso al país, en principio de por vida. Una exageración que después se aflojó: Annaud pudo entrar en 2012 y hasta filmó allá El último lobo; Pitt recién entró en 2014.
- Brad Pitt interpreta al alpinista Heinrich Harrer, que parte al Himalaya en 1939.
- La Segunda Guerra Mundial lo deja prisionero y cambia el eje de la historia.
- Tras escapar, entabla amistad con el Dalai Lama, que ocupa el centro del relato.
- China prohibió los estrenos de Sony en 1997 y el ingreso de Pitt y Annaud.
- El director pudo entrar al país en 2012 y Pitt en 2014.
¿Conviene revisitarla? Vale la pena. No es la película más fina de Pitt ni la más redonda de Annaud, pero tiene algo que varias blockbusters de la época perdieron: un arco humano que respira. Y un Himalaya que, aún en celuloide, sigue dejando chico al living de casa.
