Sábado, 26 de septiembre de 2026
Actualidad y noticias, al instante
Portada › Vida ›
Vida /

La soledad pesa más que el aislamiento: les quita casi seis años de salud mental a los hombres

Un estudio del Biobanco del Reino Unido con más de 277.000 personas mostró que sentirse solo y tener pocos contactos no es lo mismo, y que los hábitos saludables alcanzan para una de las dos situaciones.

Por Malena AguirreTrabajo y educación digital · 26 de septiembre de 2026 · hace 1 h

A Graciela, chaqueña de 52 años, la pandemia la dejó sin el club de jubilados al que iba tres veces por semana. Cuando volvió a abrir, ella ya había aprendido algo que hoy confirma la ciencia: que se puede estar rodeada de gente y seguir sola. Esa distinción, la que existe entre aislamiento social y soledad, es la que volvió a poner sobre la mesa un trabajo reciente con datos del Biobanco del Reino Unido, que siguió a más de 277.000 personas durante años para medir cuánto pesan esos dos estados en la vida saludable.

Desde el interior del país, donde las distancias suelen hacer el doble de difíciles los vínculos, lo que encontró el equipo encabezado por Lu Qi, de la Universidad de Tulane, interpela de lleno. No se trata solo de tener conocidos o familiares cerca: la investigación muestra que la conexión que alguien siente dentro de esos lazos tiene un peso propio en la salud, y un peso distinto al de la cantidad de contactos.

Dos cosas distintas, dos efectos distintos

El aislamiento social se define como tener pocas relaciones o interactuar de manera limitada con los demás. La soledad, en cambio, es el malestar por la falta de una conexión que se perciba como significativa. Una persona puede tener pocos vínculos y no sentirse sola, si esos vínculos la satisfacen; y puede estar rodeada de gente y sufrir soledad si esos lazos no le alcanzan.

Esa diferencia también apareció en los hábitos cotidianos. Sostener alimentación saludable, actividad física, buen sueño y no fumar atenuó parte de la pérdida de años sin enfermedades asociada al aislamiento. Frente a la soledad, en cambio, esos mismos hábitos no redujeron de manera significativa los riesgos. En la práctica, cuidarse el cuerpo alcanza para una de las dos situaciones, pero no para la otra.

La brecha por región del cuerpo y por género

El estudio tomó como referencia los 50 años y siguió a personas que, al ingresar, no tenían ninguna de las siete condiciones evaluadas: diabetes, enfermedades cardíacas, problemas pulmonares, demencia, cáncer, depresión y ansiedad. A partir de ahí calculó cuántos años podían esperar vivir sin esas enfermedades.

  • Mujeres con soledad y aislamiento: 2,4 años menos sin problemas físicos y 3,7 años menos sin problemas de salud mental.
  • Hombres en la misma situación: 1,7 años menos sin problemas físicos y 5,8 años menos sin problemas de salud mental.
  • La brecha más grande, la de 5,8 años, se dio en salud mental masculina.
  • Los hábitos saludables amortiguaron las diferencias por aislamiento, pero no las asociadas a sentirse solo.

Lo que los hábitos no pueden

Lo que más me quedó dando vueltas, mientras leía el informe, fue esa asimetría. Podemos correr, dejar el cigarrillo, dormir mejor y comer con criterio, y aun así la soledad sigue pesando en la salud mental de los hombres con una diferencia cercana a los seis años. Los números no dicen que el cuerpo no importe: dicen que alcanza solo a medias, y que la parte que no cubre tiene que ver con cómo nos sentimos respecto de los demás.

“Los hallazgos abarcan tanto la salud física como la mental, y muestran que la soledad y el aislamiento social deben considerarse por separado al diseñar estrategias de prevención.”Lu Qi, investigador principal, Universidad de Tulane

La investigación fue difundida por la Universidad de Tulane en un comunicado del 22 de septiembre de 2026, y los autores aclararon algo que conviene no perder de vista: las cifras se refieren a años libres de las enfermedades estudiadas, no a años de vida directamente perdidos. Es un matiz importante, sobre todo cuando se traducen estos hallazgos a políticas públicas o a recomendaciones individuales.

Lo que el Estado y los sistemas de salud no dijeron todavía es cómo van a intervenir sobre lo que los hábitos no alcanzan. Si los datos son tan claros en mostrar que la soledad opera por un canal distinto al del aislamiento, y que las campañas de vida saludable no la tocan, entonces las respuestas tienen que dejar de mirar solo al cuerpo. Tienen que empezar a mirar a Graciela, a su club reabierto y a las sillas vacías que dejó la pandemia.

MA
Malena AguirreTrabajo y educación digital

Te puede interesar