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Migraña y sueño roto: lo que deja al descubierto un estudio con miles de pacientes

Una investigación polaca encontró que más de seis de cada diez personas con migraña duermen mal, casi el doble que quienes no sufren cefaleas. La calidad del descanso aparece asociada a más días de dolor y a un deterioro marcado de la vida cotidiana.

Por Malena AguirreTrabajo y educación digital · 25 de septiembre de 2026 · hace 46 min

A Susana, en su casa de Río Gallegos, la migraña no le avisa: aparece sin permiso y se queda el tiempo que quiere. Cada noche, antes de acostarse, hace cuentas. Suma cuántas horas pudo dormir, cuántas veces se despertó y evalúa si al día siguiente va a poder cumplir con el turno en la administración pública donde trabaja desde hace veinte años. Susana no aparece en ningún paper, pero encaja casi a la perfección con lo que acaba de mostrar un equipo de la Universidad Médica de Wrocław, en Polonia.

El estudio, que reunió a 5.311 adultos, detectó problemas de sueño en el 64,1% de los participantes con migraña, frente al 38,7% de quienes no habían tenido cefaleas en el último año. La diferencia, que parece un recorte de manual, se mantiene incluso al controlar variables personales y laborales. Para medir el descanso, los investigadores usaron el Índice de Calidad de Sueño de Pittsburgh, que va de 0 a 21 puntos: por encima de cinco ya se considera descanso deficiente. La mediana fue de siete para el grupo con migraña y de cinco para el grupo sin cefaleas.

Lo que el descanso cuenta sobre el dolor

Dentro del grupo con migraña, dormir mal aparece asociado a más días de dolor al mes, a mayores limitaciones para moverse y trabajar, y a niveles más altos de estrés y ansiedad. La asociación más fuerte, según los autores, fue con la calidad de vida: quienes descansaban peor también manifestaban menor satisfacción personal y más interferencia de la enfermedad en sus actividades cotidianas. A diferencia del corte entre sanos y enfermos, en este segmento la brecha pesa y se nota: peor descanso, más días en cama.

Cronotipos: el matiz horario

  • Los cronotipos vespertinos, es decir personas que tienden a acostarse y levantarse más tarde, fueron más frecuentes entre los participantes con migraña.
  • La relación entre esa preferencia horaria y la frecuencia del dolor resultó débil, sin un impacto claro en el número de jornadas con cefalea.
  • El perfil más habitual en toda la muestra fue el intermedio, ni madrugador ni trasnochador.
  • Los autores aclaran que el estudio no midió el sueño en laboratorio ni siguió a los pacientes en el tiempo, por lo que no permite afirmar que dormir mal provoque migraña ni que mejorar el sueño reduzca los ataques.

Lo que el Estado y las empresas no dicen

Cada vez que un médico atiende a alguien como Susana, debería preguntar cuánto duerme, cómo se despierta y si se queda dormido durante el día. Sin embargo, en la mayoría de las consultas por migraña -especialmente en el interior del país- esa pregunta no figura en el protocolo. No la hacen los sistemas de salud pública, no la piden las obras sociales, no la incluyen los exámenes preocupacionales de las empresas. Queda como un tema de la vida privada, cuando los números dicen que es parte del problema. Hasta que eso cambie, miles de personas van a seguir contando ovejas mientras les duele la cabeza y nadie les pregunta por qué.

MA
Malena AguirreTrabajo y educación digital

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