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Caminar quince minutos y no afanarse con los Kegel: lo que una fisioterapeuta le recomienda a quienes buscan mejorar su vida sexual

El ejercicio moderado favorece la circulación, el descanso y el manejo del estrés, claves para el bienestar sexual. Pero el sobreentrenamiento, la mala alimentación y la falta de recuperación pueden pasar factura al deseo, advierte la especialista en suelo pélvico Erika Lydon.

Por Malena AguirreTrabajo y educación digital · 27 de septiembre de 2026 · hace 1 h

Mirta tiene 52 años, vive en Goya, Corrientes, y cuenta que desde que arrancó a caminar media hora por las tardes volvió a dormir del tirón y, de yapa, se reencontró con las ganas que creía perdidas. No es un caso milagroso ni único: la fisioterapeuta especializada en suelo pélvico Erika Lydon sostiene que empezar con caminatas de quince minutos y aumentar el esfuerzo de manera gradual es una de las puertas de entrada más realistas para incorporar actividad física, sobre todo cuando lo que se busca es que el beneficio termine llegando también a la vida sexual.

Elegir algo agradable y posible de sostener en el tiempo permite construir una rutina. Y esa constancia, más que el entrenamiento extremo, es la que termina rindiendo frutos. La profesional propone como referencia general, para la mayoría de las personas, reunir 150 minutos de ejercicio aeróbico moderado o 75 minutos de actividad intensa por semana, junto con dos días de fuerza. Esa pauta apunta a la salud general: no es un tratamiento para el bajo deseo ni garantiza cambios en la libido. La salud y el estado emocional de cada persona también pesan.

Antes de lanzarse, atender las molestias

Antes de sumar ejercicios específicos, conviene mirar el cuerpo con honestidad. Lydon recomienda consultar a un profesional de la salud o de fisioterapia de suelo pélvico si hay dolor o preocupación por el desempeño sexual. Esa musculatura sostiene estructuras de la pelvis y participa en la función sexual, pero no siempre necesita fortalecerse. Y acá aparece un punto que muchos desconocen: los ejercicios de Kegel pueden servir en algunos casos y aumentar la tensión en otros. Si los músculos permanecen contraídos o tienen dificultades para relajarse, las relaciones pueden volverse dolorosas.

  • Empezar con caminatas de 15 minutos y subir la intensidad de a poco.
  • Priorizar movimientos disfrutables y sostenibles en el tiempo.
  • Consultar a un especialista si hay dolor o dudas sobre el desempeño sexual.
  • No abusar de los Kegel: pueden tensar de más si no hay un trabajo de relajación.
  • Dormir, comer bien y recuperarse: el sobreentrenamiento puede pasar factura al deseo.
  • Recordar que la pauta de 150 minutos semanales es una referencia, no una receta universal.

La especialista también advierte, y este dato me parece clave desde el interior, donde muchas veces se entrena duro sin troppo acompañamiento, que entrenar demasiado, sin alimentarse adecuadamente ni recuperarse lo suficiente, puede afectar el deseo. El cuerpo necesita reposo y combustible para sostener el interés sexual.

Por qué moverse puede sumar a la función sexual

Entre los mecanismos que explican los posibles beneficios del movimiento está la circulación. Según Lydon, el trabajo aeróbico favorece al corazón y los vasos sanguíneos y facilita la llegada de sangre a los órganos sexuales. Ese flujo interviene en la erección y puede contribuir a la excitación y la función sexual femenina.

El descanso y el estrés también cuentan, y mucho. La tensión sostenida puede dificultar el interés sexual, mientras que el ejercicio puede ayudar a mejorar el ánimo y facilitar la relajación. El entrenamiento de fuerza, añadió la profesional, puede colaborar con procesos vinculados con la energía, el estrés y el equilibrio hormonal.

Los resultados, eso sí, tienen tiempos distintos. Dormir mejor o sentirse menos estresado puede ocurrir antes que otros cambios más profundos, y la especialista remarca que la actividad física es una herramienta más dentro de un rompecabezas que incluye sueño, alimentación, vínculos y, cuando hace falta, acompañamiento profesional. Desde el interior, donde a veces se vive con el cuerpo al límite del trabajo y la rutina, escuchar a Lydon es un recordatorio: el deseo no se entrena a fuerza bruta, se cuida con constancia, con pausa y con cabeza.

Lo que el material no dice y queda flotando es a quién le corresponde indicar la rutina adecuada cuando hay diferencias marcadas entre regiones: en el norte argentino, según los últimos datos de brecha por región, el acceso a fisioterapeutas especializados en suelo pélvico es sensiblemente menor que en los grandes centros urbanos, lo que vuelve todavía más importante empezar por lo simple, lo gratuito y lo posible: una caminata de quince minutos y, ante la primera duda, una consulta profesional.

MA
Malena AguirreTrabajo y educación digital

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