Divya filma su propia cocina para enseñarle a un robot cómo se corta una verdura
En India, una mujer graba sus tareas domésticas con un celular atado a la cabeza y cobra por cada video aprobado. Lo que parece una rareza es una pieza clave en el entrenamiento de robots con inteligencia artificial.
A Divya la conocí esta semana, leyendo un reporte que me dejó pensando un rato. Ella vive en el distrito de Karur, en India, y todos los días se ata un teléfono a la cabeza para grabar lo que hace en la cocina y en el resto de la casa. No lo hace por vanidad ni por un video para TikTok: lo hace porque alguien le paga por esos registros, que después se usan para entrenar robots con inteligencia artificial. Pensalo como si fuera una receta: así como una receta le dice a otra persona cómo repetir un plato, estos videos le dicen a una máquina cómo repetir un movimiento.
La idea de fondo es bastante directa. Para que un robot se banque una cocina de verdad, con sus ollas que se mueven, sus mesadas desparejas y sus verduras de todos los tamaños, necesita ver muchas manos humanas resolviendo esos mismos problemas. Las máquinas viejas repetían una secuencia fija, como un loro: brazo arriba, brazo abajo, y listo. Los robots nuevos miran cientos de horas de video, detectan patrones y después ajustan la fuerza, el recorrido y el ángulo según lo que tengan enfrente. Los registros de Divya terminan siendo ejemplos para que ese aprendizaje ocurra.
Cuatro horas de filmación, dos horas aprobadas
El trabajo tiene una trampa que a mí me llamó mucho la atención: no todo lo que se graba sirve. Cuando Divya filma unas cuatro horas en el día, le aprueban entre dos y dos horas y media. El resto se descarta. Y además, la tarea en sí se vuelve más lenta. Ella misma lo explica: cortar verduras normalmente le lleva media hora, pero cuando tiene que grabar cada movimiento, la misma tarea le lleva una hora entera. O sea que filmar no es solo apoyar el dedo en Rec, es planificar, acomodar la cámara y repetir el gesto de manera que la imagen sirva.
“Si normalmente me toma 30 minutos cortar verduras, este trabajo me toma una hora cuando tengo que grabarlo en video.”Divya, operadora de Karur, India
Hay otro costado de esta historia que me parece el más humano de todos y por eso lo cuento. Divya relata que antes, para cargar saldo en el teléfono, dependía del dinero que le pasaba su marido. Ahora, con lo que cobra por las grabaciones, puede pagar esa recarga y hacer compras chicas por su cuenta. No es un salario que la cambie de vida, pero es dinero propio, ganado con una actividad que ella ya hacía todos los días en su casa. En lo que sigue, distintas empresas del rubro están sumando miles de colaboradores como ella en distintos países, y la pregunta que me queda dando vueltas es simple: cuántas de las tareas que hoy hago yo en mi cocina van a terminar, en unos años, ejecutadas por un robot que aprendió mirándome a mí.
