El pollo del domingo no tiene por qué terminar en el tacho: la tarta que lo rescata (y de paso, vacía la heladera)
Con lo que quedó del asado o del horno se arma otra comida sin volver a comprar casi nada. Calabaza, choclo, cebolla y hasta un zapallito suelto: todo vale para rellenar una tapa y resolver la semana.
Soy de las que cree que la mejor parte de cualquier pollo al horno es lo que sobra al día siguiente. Esa carne que queda en la fuente, medio olvidada en la heladera, esperando que alguien la rescate antes de que se gane la derecha al tacho. Y si me preguntan a mí, la forma más digna de hacerlo es una tarta. Sí, una tarta de pollo. De esas que llenan la cocina de olor a casa de abuela y resuelven una cena sin que tengas que pisar la verdulería.
Lo que tenés en la heladera manda
Acá está lo bueno: no hace falta seguir una receta al pie de la letra. El pollo que ya pasó por el horno, la parrilla o la olla sirve igual, y se puede desmenuzar o cortar en cubos según el humor. Pechuga, pata, muslo, todo vale. Lo que cambia el juego son los vegetales que ya tenés dando vueltas por la alacena y que muchas veces terminan pudriéndose solos.
- Calabaza asada más queso: una mezcla cremosa que se banca el pollo desmenuzado sin pedir permiso.
- Choclo amarillo con crema de choclo blanco: quedan dos colores y dos texturas en el mismo bocado, y queda más linda de lo que uno imagina.
- Cebolla como base: la opción austera, la de la abuela, la que nunca falla.
- Zanahoria, espinaca, zapallito o morrón en tiras o cubos: para darle volumen y vaciar la verdulera de una vez.
- Purés de berenjena, morrón, calabaza o batata: otra puerta de entrada si querés algo más untuoso.
El truco para que no quede como suela de zapato
Ojo con un detalle que muchos pasan por alto: el pollo cocido se seca. Y se seca más todavía si viene del horno o de la parrilla. Por eso conviene saltearlo con cebolla y morrón antes de mandarlo a la tarta, y si ves que la cosa está muy seca, unas gotitas de agua durante el salteado hacen magia. También suma agregar al relleno un poco de queso, un huevo o un chorrito de crema para que todo se ligue y no se desarme al primer corte.
La masa: la podés comprar, pero hacerla te queda como una persona con valores
¿Tapa comprada? Perfecto, nadie te juzga. ¿Masa casera? Mejor todavía, porque lleva apenas tres ingredientes: dos tazas de harina, una taza de líquido repartida entre agua y aceite, y listo. La textura queda más arenosa, tipo crumble, que es exactamente lo que uno quiere cuando muerde una tarta de pollo. Y si le sumás orégano, ajo en polvo, ají molido o unas semillas a la masa, pasa de correcta a memorable sin esfuerzo.
(Sí, estoy diciendo que una tarta de sobras puede ser memorable. Me banco lo que dije.)
Al final, la gracia está en eso: en no volver a comprar lo que ya compraste y en estirar la plata sin que la comida pierda dignidad. El pollo del domingo tiene una segunda vida, y es más rica que la primera.
“¿Qué combinación de vegetales usás para aprovechar el pollo que sobra?”La pregunta que me llevo a casa
Puntaje: 8 sobre 10. Vale la pena, sobre todo si en la heladera te mira un cuarto de pollo con cara de nadie lo va a comer.
